Por: Virgilio Cordón

El foco del líder debe ser el rendimiento individual y grupal para alcanzar los grandes resultados.

El estudio y desarrollo formal de liderazgo de equipos de alto rendimiento, implica comprender un entramado de dimensiones multidisciplinarias que son necesarias para su ejecución.  Para ello, el líder debe ser el personaje central que permita el aprendizaje usando como su mejor arma la influencia, la cual le permitirá gestionar ideas, pensamientos y comportamientos.

El desarrollo de equipos de alto rendimiento comprende tres dimensiones:

  • Productividad
  • Clima grupal
  • Desarrollo individual

Actualmente se reconoce que el líder debe poder manejarlas todas y de forma simultánea, si pretende llevar a su equipo al siguiente nivel.  Sin embargo, en esta ocasión por espacio nos vamos a centrar en la productividad. 

La productividad de un equipo hace referencia al nivel de rendimiento final que tiene un equipo en función de los recursos de los que dispone. Es decir la productividad potencial menos la productividad real.  La diferencia se debe principalmente a pérdidas de motivación o a pérdidas de coordinación, de las cuales hablaremos en otra oportunidad.

Para comenzar a orientar concretamente al líder que quiera llevar a su equipo hacia el alto rendimiento, planteo tres conceptos centrales para la gestión de la productividad: 1) Roles, 2) Objetivos, y  3) Refuerzos.

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Definición y asignación de roles:

El rol, por definición es el papel que un individuo tiene asignado para desempeñar dentro del equipo. Para adoptar un rol dentro de un equipo se hace imprescindible que el líder defina claramente al colaborador lo que se espera de él y cómo conseguirlo, es decir, las expectativas que el líder tiene en cuanto al rol que va a adoptar el individuo en concreto. Lastimosamente, es una tarea básica que muchas veces no se cumple por parte de la organización afectando negativamente.

“La definición del rol debe ser clara, precisa, conductual y no puede ser ambigua”.

Luego de la definición de los roles, los pasos siguientes son:  la comunicación de ese rol a cada integrante del equipo, verificar la correcta interpretación y su aceptación.

Finalmente, afirmamos que el líder gestiona la productividad del equipo a través de los roles individuales, atendiendo tres aspectos centrales de los papeles de equipo: Conocimiento, actitud y habilidad respectivamente.

Principios de establecimiento de objetivos:

Podemos distinguir una clase de objetivos a partir de los interrogantes qué y cómo: Los objetivos de resultados responden a la pregunta: ¿qué se quiere alcanzar de manera grupal y de manera individual? En cambio, los objetivos de rendimiento responden a la pregunta: ¿cómo conseguirlo? al tipo de destreza a desarrollar y a la manera en que se debe hacer lo necesario para conseguir los resultados esperados.

Un error común reside en plantear únicamente objetivos de resultado sin el acompañamiento de metas de rendimiento. Estar enfocado únicamente en el logro de resultados incrementa la ansiedad, pues solo se muestra el qué se busca y no el cómo alcanzarlo. El foco del líder debe ser el rendimiento individual y grupal para alcanzar los grandes resultados. Los objetivos deben ser específicos, concretos, medibles y flexibles.

El alto rendimiento demanda evaluar antes, durante y después y nos debe indicar (de forma objetiva) si estamos  recorriendo el camino esperado.  Por lo tanto, sin importar el resultado de la evaluación, las consecuencias siempre serán positivas.

Refuerzos:

Los refuerzos son acciones que el líder ejecuta con el fin de sostener o modificar determinadas conductas del equipo o de algunos miembros. Los principios de refuerzo incluyen, esencialmente, dos acciones específicas que deben ser muy bien aplicadas: los premios y los castigos.  El primer punto de la gestión de los refuerzos consiste en definir exhaustiva, conductual y progresivamente qué conductas son las esperadas y cuáles no.

“Los roles definen la función y orientan al equipo; los objetivos desarrollan el rendimiento y facilitan la consecución de grandes resultados; y, finalmente, los refuerzos potencian el rendimiento y erradican los descensos de productividad”.

Los premios son todas las acciones que el líder realiza o implementa para que aumente la conducta deseada. Los castigos, por su parte, son todas las acciones que el líder ejecuta o implementa y que incrementan la probabilidad de desaparición de la conducta no deseada. 

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