Hace ocho años, sin dinero, ni experiencia y desde una cafetería, Jorge Mario Martínez empezó a trabajar para empresas en Estados Unidos como desarrollador web, sin paga y sin el consentimiento explícito de las compañías. En la actualidad, a sus 28 años es el fundador y CEO de Smart Canvas Solution, una empresa dedicada a brindar soluciones y desarrollar productos basados en software.

Nació y creció en Guatemala, pero sus más de 100 colaboradores están distribuidos en todo el mundo, desde la India, pasando por España y hasta llegar a Ecuador. Por cuestiones legales sus oficinas están constituidas en Guatemala, Estados Unidos y próximamente en España, pero debido a la flexibilidad de su modelo de trabajo el 90% de sus empleados trabajan desde casa. Básicamente, como nos contó Jorge, Smart Canvas está en cualquier lugar del mundo.

Platicamos con Jorge de sus inicios y hacia dónde ve el futuro de la industria en la que incursionó por su cuenta cuando a penas tenía 20 años.  

¿Qué hace Smart Canvas exactamente?

Somos una empresa dedicada al desarrollo de tecnología, enfocada en desarrollo de software web y móvil. Nos enfocamos en soluciones escalables de vanguardia, utilizando tecnologías como Big Data, BlockChain, Machine Learning. Proveemos desarrollo web a empresas pero, estamos girando a desarrollar productos propios para ofrecerlos al mundo. Hemos logrado levantar inversión para estas soluciones que vamos a ofrecer y que están enfocadas en ciertas industrias.

¿Cómo nace Smart Canvas?

La empresa la empecé yo hace ocho años, con el deseo sincero, como todo emprendedor, de querer salir adelante y descubrirse a uno mismo. Me tocó establecer la empresa sin prácticamente nada de recurso económico.

Al principio, yo trabajé de gratis para empresas, sin que estas supieran que dedicaba horas de mi tiempo para solucionar sus problemas. Ofrecía una gama de servicios de desarrollo web. 

Un día entré a Google y busqué tres sitios webs de empresas americanas, que tuvieran una página muy mal hecha. Con el poco conocimiento que tenía, por mi cuenta y sin que las empresas supieran de mi existencia. Luego de varios meses logré desarrollar un website que superaba el estándar que ellos manejaban en ese momento.

Luego, como pude –no te imaginas cómo me costó hacerlo–, me puse en contacto con ellos por medio de un correo. Les escribí: “En los últimos meses estuve realizando esta página web para ustedes, es gratis, si les interesa contáctenme de vuelta”. Pasaron varios meses antes de que obtuviera una respuesta. Finalmente me contestaron: “Este sitio es impresionante, pero dijiste que era gratis, así que te agradecemos”.

Yo lo hice para aprender y conocer mis capacidades, no obstante, ellos aceptaron lo que había hecho y publicaron los sitios.

No supe nada de ellos hasta casi seis meses después. En ese tiempo me pasé leyendo sobre desarrollo, yo no tenía los recursos para pagar un curso y menos para una computadora propia, todo lo había hecho en un café internet, debiéndole al dueño del lugar. Cuando finalmente, una empresa me contactó y me dijo que habían recibido halagos por su sitio web y que estaban felices. Esa persona resultó que tenía otras 10 empresas y me pidió que desarrollara el sitio web de todas.

Yo sin saber cuánto cobrar, le dije que 100 dólares por cada una, él soltó una carcajada y me dijo que estaba loco, que me iba a pagar 1000 dólares por cada sitio. Así obtuve mi primer cliente.

Yo fui aprendiendo con la experiencia, no tuve mayores estudios formales.

Yo era el diseñador, el programador, el gerente, el de soporte, el de ventas, el de mantenimiento, el legal, el contador y todo. 

Jorge Martínez, founder de Smart Canvas

¿Cómo fue creciendo Smart Canvas?

Luego de cuatro años trabajando por mi cuenta, descubrí que no tenía sentido que yo hiciera todo. Yo era el diseñador, el programador, el gerente, el de soporte, el de ventas, el de mantenimiento, el legal, el contador y todo. Fui descubriendo el potencial real de poder confiar en más personas. Era más inteligente sacar el 1% de 100 personas que sacar el 100% de una y quemarla.

Entonces, llegó el punto en el que empecé a contratar personas en Guatemala, la India, España y todo ha ido creciendo. Ahora somos una empresa de 90 desarrolladores que están regados por todo el mundo.

¿Qué los motiva a hacer ese cambio estratégico de desarrollar        software para otras empresas a desarrollar productos propios?

El mismo trabajo representa desarrollar un producto para un cliente que uno para nosotros, pero la rentabilidad era mucho mayor. Entonces empezamos a organizarnos con un modelo de negocios híbrido entre incubadora de negocios y aceleradora de negocios. Teníamos ideas, las validábamos, las creábamos y las lanzábamos al mundo.

Es más fácil dar soporte a una excelente plataforma que a 50 clientes, y posiblemente la rentabilidad sea la misma. Eso nos permite crecer vertical y horizontalmente.

No obstante, tenemos una unidad de negocios que atiende clientes para desarrollo, porque necesitamos mantener un flujo constante de ingresos para desarrollar esas aplicaciones propias.

Tenemos el equipo correcto para crear startups dentro de Smart Canvas.

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