“Cuando un ateo te dice: “A ver, demuéstrame que Dios existe”, él lo que quiere probar es que tan convencido estas tú de que Dios existe. Lo mismo pasa con las ventas, el convencido debe ser uno. No puedes convencer a un ateo, pero quizás si a un agnóstico”

Mynor Izquierdo, Coach empresarial

Luego de que me despidieran reflexione mucho sobre cuál debía ser mi camino ahora. Yo sabia que ya había alcanzado la cima de la industria en la que trabaja y que aceptar cualquier trabajo era en esencia un retroceso.  

Tome la dolorosa decisión de cambiarme de carrera. Intente emprender y fracase. Mis ahorros se estaban acabando y necesitaba una fuente de ingresos.

No es es fácil conseguir trabajo. Mucho menos uno que llene cabalmente nuestras expectativas. Pero, el tiempo apremia y llegue a un punto en dónde realmente ya no me importaba y enfoque todos mis esfuerzos en conseguir que alguien me pagara por hacer algo. 

La frustración era diaria. Pocas veces recibí respuesta y, en el mejor de los casos, jamás fui contactado despues de una entrevista de trabajo.

Paradójicamente, fue una entrevista de trabajo la que cambio mi vida y me hizo darme cuenta de lo mal que estaba. 

En esta ocasión había logrado pasar la segunda ronda de entrevista. Estaba muy esperanzado por el trabajo. Me tocó hablar con el gerente que sería mi jefe inmediato. 

Le presente mi plan de acción. No se veía muy convencido, pero parecía dispuesto a darme una oportunidad. 

“Estoy de acuerdo con tu plan, no lo discuto. pero ¿qué vas a hacer para robarle los clientes a la competencia?”, me soltó. Me sorprendió un poco lo que dijo, pero trate de llevar la conversación hacia mi plan. No obstante, el insistió en que necesitaba una estrategia para que la competencia perdiera clientela. 

Nos enfrascamos en una discusión sobre los limites y alcances de “robarle clientes a la competencia”, algo que a mi me parecía no estaba alineado a la ética empresarial. 

Salí de la entrevista con un mal sabor de boca. Quedamos en que le enviaría una estrategia para “robarle lo clientes” a la competencia en base a nuestra conversación. Así lo hice a la mañana siguiente.

Luego de enviar el correo que di cuenta que había tocado fondo. Estaba dispuesto a sacrificar mis creencias y valores por una oportunidad laboral. Iba a traicionarme a mi mismo por una empresa que, conociendo ahora sus motivaciones, tampoco me respaldaría si algo salía mal.

¿Será que hay alguien en esa compañía que piense que lo que hacen importa?, o todos están ahí solo por el dinero”, pensé. 

No obstante, no hubo necesidad se reflexionar más sobre lo que había hecho. No me contrataron y nunca volví a saber de ellos. 

A partir de ese momento, me hice esa pregunta antes de aplicar a cualquier trabajo. No hizo que mi búsqueda de trabajo fuera más sencilla, pero si que funcionó para que me sintiera más cómodo y motivado. 

A todo el mundo que puedo le hago la misma recomendación: No trabajes en empresas en las que no crees. Quizás no sea un factor fundamental, pero pensar en el largo plazo también significa considerar nuestra realización personal. 

 *Relato basado en la experiencia de Pablo, Gerente de Mercadeo. 

¿Tienes una historia empresarial que quisieras compartir? Házmelo saber: javier@editorialveraz.com.

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