Responsable y perfeccionista. Creativo,  innovador y visionario. Steve Jobs fue un hombre que trabajó para sí mismo y logró cambios para todos. Murió el  5 de octubre de 2011, pero su espíritu definitivamente trascendió.

Conocemos que Steve Jobs, revolucionó la industria musical y de animación, e hizo un imperio de una empresa que hace 20 años no era ni seña de lo que es ahora, pero pocos conocen que su éxito tuvo un factor clave.

Para no ser un hombre religioso, Steve Jobs alcanzó un nivel de espiritualidad muy alto. Lo logró principalmente siendo desprendido de lo material y poniendo el mayor enfoque de su vida en la fidelidad al trabajo, la familia y la responsabilidad que ello implica. Durante el período que regresó a Apple, desde 1996 y hasta el año 2000, Jobs no quiso recibir más que un dólar al año en salario.

La junta directiva de la compañía le rogó para que al menos se hiciera dueño de más acciones y su respuesta fue “no quiero que mis empleados crean que vine para hacerme rico”. Aunque es cierto que ya lo era, esto era típico de él: ser coherente con sus pensamientos y sus acciones. Este desprendimiento le ganó el respeto de los accionistas, directores y empleados en la compañía. Después del año 2000 finalmente aceptó acciones pero nunca quiso aceptar un aumento salarial, permaneció igual hasta su renuncia en el año 2011.

En su casa Steve Jobs siempre fue querido por su familia. Su vida giró alrededor de su trabajo todo el tiempo. Sin embargo, el pilar que ayudó a sostener el enfoque en su trabajo todo el tiempo fue su familia. Dentro de su hogar siempre fue como lo era en su oficina, perfeccionista. Su esposa e hijos definitivamente tuvieron que comprender el estilo de vida inmensamente basado en su trabajo. Frecuentemente salía a las 7am y llegaba a las 9pm, solamente a comer y dormir. Fue hasta que le diagnosticaron cáncer que tuvo la oportunidad de compartir más tiempo con ellos. Sin embargo su familia lo apoyó en todo y estuvo de su lado hasta el final. Sus últimos días los pasó rodeado de su esposa e hijos en la camilla de un hospital.

Su hermana biológica contó que hasta el último de sus días estuvo dibujando ideas para nuevos inventos y tecnologías.

Si ni la camilla en un hospital fue un obstáculo para Steve Jobs, menos lo fue la falta de avances tecnológicos para crear la revolución tecnológica que lideró desde su famoso iPod. Su creatividad y capacidad para innovar y ser visionario es algo que aparentemente no tuvo límites. Él podía visualizar los productos que iba a crear antes de que la tecnología para crearlos existiera. El iPod, revolucionó la manera en que la tecnología se utiliza para escuchar música.

El sistema operativo de Mac OS, la manera en que interactuamos con una computadora. Es de conocimiento popular que la estructura gráfica de Windows copió muchos elementos del sistema gráfico de la Mac original. El iPhone revolucionó la manera en que usamos un teléfono. Desde leer libros hasta los periódicos de noticias en el iPhone, por ejemplo. Revisar el clima, agenda, notas, asistente virtual, etc. Esto es algo que hace 20 años era cuestión de ciencia ficción. El iPad revolucionó el complejo mercado de las “tablet”.

Con Pixar, Steve Jobs revolucionó la manera en que vemos películas animadas. El mundo definitivamente le debe mucho más de lo que creemos a este hombre. Pero lo que más le debemos es que nos enseñó el secreto para ser exitosos en nuestra moderna cultura, y poco tiene que ver con utilizar uno de sus productos.

La clave del éxito en el mundo de Steve Jobs es la persistencia hacia la realización de un sueño. Steve Jobs tenía el sueño de cambiar la manera en que nos relacionamos con las computadoras, y no sólo lo logró, lo hizo en contra de todos los pronósticos. Lo hizo sin seguir el modelo de negocio tradicional de una empresa de tecnología, y no por nada el más famoso eslogan de su compañía fue “Piensa Distinto” (Think Different).

Lo más importante para este maravilloso empresario siempre fue la persistencia en la utilización de todas sus virtudes. Persistencia en la responsabilidad y la perfección, en la creatividad y la innovación. Estos indudablemente son los ingredientes de un visionario exitoso.