Parafraseando las palabras del fundador de Microsoft, Bill Gates, los líderes de nuestra época no son otros que aquellos que impulsan a los demás. Aunque todos estemos de acuerdo con esa afirmación, en la práctica no es difícil toparse con gerentes y directores que desgastan y frustran.

Según el Departamento de Psicología Organizacional de la Universidad Adolfo Ibáñez, en la región el 85% delos  jefes son autoritarios, intransigentes y sobre exigen a sus empleados. Aunque es relativamente sencillo nombrar al jefe insoportable de la oficina, es más difícil señalar con exactitud qué es lo que los hace un mal líder y como está destruyendo de apoco la moral de todos y drenando la motivación.

Aquí hay cuatro hábitos de un mal líder:

Haces promesas vacías

Los malos líderes motivan a aquellos que los siguen con falsas promesas de ascensos, éxito y grandes porvenires. Pero raramente las cumplen. Los líderes que hacen esto pueden ser muy manipuladores y comúnmente mantienen como rehenes a las metas y aspiraciones de sus seguidores para forzarlos a trabajar mejor.

Fracasas en dar seguimiento

Los malos líderes no tienen en cuenta que sus colaboradores están contando con ellos para manejar ciertos temas que no pueden arreglar por sí mismos. Los líderes pueden olvidar dar seguimiento a esos temas si no son suficientemente importantes para ellos. Así los meses pueden pasar sin cambios significativos.

Evitas la confrontación

Los malos líderes generalmente tratan de evitar la confrontación, especialmente cuando involucran desempeño. Típicamente, esto está ligado o a una falta de conocimiento del asunto que se discute o sufrir un sesgo de confirmación muy fuerte.

No te haces responsable

A nadie le gusta aceptar la responsabilidad cuando las cosas fracasan, especialmente los malos líderes. Ellos siempre se justifican y ponen la responsabilidad en otros y no en ellos mismos. Los malos líderes no se auto evalúan para mejorar.

Debido a que la confrontación los asusta, los malos líderes también son renuentes a culpar a otros realmente. Como resultado, terminan cambiando la responsabilidad de uno a otro empleado debido al miedo temor.

La transformación

No obstante, todos los malos jefes pueden cambiar de hábitos y transformarse en líderes ejemplares. Aquí hay cuatro hábitos que ejercitan todos los días los verdaderos líderes.

Desafían sus propias suposiciones

Los grandes líderes pueden ser inteligentes y saber mucho, pero son lo suficientemente humildes como para reconocer que hay personas más inteligentes de las que pueden aprender. No se limitan a las opiniones y aportes fuera de los propios. Se rodean de diversas perspectivas para ayudarlos a responder preguntas como “¿Cómo sé que mi decisión es la correcta?”

Son transparentes

La transparencia promueve una cultura abierta de respeto, apertura y dignidad, sin las usuales metáforas corporativas tóxicas como las puñaladas por la espalda y los chismes. Los líderes transparentes van más allá: Permiten que otros expresen su opinión y fomentan la honestidad emocional.

Son máquinas de aprendizaje

Los grandes líderes reconocen que estamos en una era de progreso tecnológico sin precedentes. Desarrollan su propia competencia mediante el aprendizaje continuo y la recopilación de conocimientos en múltiples campos, no solo los suyos.

Tienen mentores

Los grandes líderes se rodean de personas con alta inteligencia a los que pueden acercarse para obtener sabiduría y comentarios honestos. También eligen a sus mentores con cuidado porque recibir consejos de las personas equivocadas podría limitar su carrera y una mala jugada.

En un ambiente de trabajo toxico, tener la mentalidad adecuada es el primer paso. Eso nos va a ayudar a ser una persona que piensa que las cosas las van a hacer bien y las hacen bien. Ser autoeficaz es trabajar con la firme convicción que independientemente de cual sea su labor, la puede hacer de la mejor forma. 

*Con información de Estrategia y Negocios y Mundo Ejecutivo

Lea ahora:

Deja tu comentario

Artículos Relacionados