En el plano personal es indiscutible mantenerse motivado, no obstante, para una organización el tema es crítico. Que los colaboradores estén comprometidos tiene un efecto sensible en el desempeño de la organización.

“Los trabajadores que no están motivados le cuestan dinero a las empresas, retrasa los proyectos, consume recursos y socavan el cumplimiento de los objetivos, así como los esfuerzos de los empleados que si están comprometidas”, señala el último estudio sobre el compromiso y la motivación en el escenario empresarial global, realizado por Findasense (Engagement and the global workplace).

Este estudio encontró que más de un tercio de los trabajadores en 17 de las economías más importantes del mundo no están comprometidos ni motivados y otro tercio están en algún lugar neutral, no trabajan mal, pero tampoco lo hacen para obtener los mejores resultados empresariales.

La falta de motivación parece más palpable al volver de vacaciones, no obstante, una amplia investigación ha documentado que en el fondo es el temor al fracaso y percibir las tareas como aburridas o difíciles los principales obstáculos a vencer para ponerse a trabajar a toda capacidad. Si la tarea no está alineada con los objetivos —o no se sabe muy bien por qué se tiene que hacer— o no se percibe la ventaja de realizarla, la motivación disminuye.

¿Qué hacer?

Lo primero que se debe hacer es ponerse a trabajar con disciplina y no detenerse para abandonarse en el denominado efecto Csíkszentmihályi. Se trata de un momento de concentración absoluta, es un estado mental en el que una persona está completamente inmersa en la tarea que está realizando. En ese punto, la productividad está en su pico más alto y los minutos pasan sin darte cuenta.

El psicólogo que dio nombre a este efecto en 1975 asegura que para encontrar ese punto de motivación máxima tiene que haber un equilibrio entre la habilidad y el desafío que supone la tarea y que solo sucede si estamos haciendo una sola cosa. Hacer muchas tareas a la vez, socava la motivación.

Por otro lado, los bloqueos emocionales, como el miedo al fracaso, ser perfeccionista excesivo o baja autoconfianza, son otras causas de la falta de motivación. Si a esto le sumamos mecanismos mentales como el efecto Zeigarnik —la tendencia a recordar tareas inacabadas o interrumpidas con mayor facilidad que las que han sido completadas—, será difícil ponerse a trabajar.

Para salir de ese punto muerto, Heidi Grant, psicóloga social experta en motivación, recomienda adoptar un punto de vista de prevención. Esta estrategia se basa en la idea de que los humanos nos esforzamos más por evitar lo que tememos que por conseguir lo que queremos. O sea, que cuando el temor a fracasar bloquea la voluntad, es mejor no pensar en lo que podría mejorar su situación si cumple con su tarea, sino en lo que podría perder. Entonces ves claro que la única forma de salir del peligro es hacer algo, tomar acción inmediata”, explica Grant. Es lo que lo psicólogos llaman aversión a la pérdida.

La automotivación es una de las capacidades más difíciles de aprender, por lo que será necesario ejercitarlo mucho para dominarlo por completo.

*Con información de El País

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